Es el último viajero
que llega de madrugada
donde nunca le esperan
amantes despechadas.
Es el último viajero
en la última parada,
de una estación vacía
en una noche helada.
El viajero que vuelve
buscando no sabe que,
quizás unas palabras
ha tiempo enunciadas,
en sus ojos una imagen
antigua, desvencijada,
de un abandono amargo
en otra noche helada.
Es el último viajero
en esta madrugada,
que asemeja aquella
ahora rememorada,
hoy vuelve tan solo
por el placer de evocarla,
sabe que antaño huyó
pretendiendo olvidarla.
El nunca persiguió
retornar ni añorarla,
pero en su dolor jamás
pudo dejar de soñarla,
él, carga una aflicción
es una espina clavada,
no ha podido olvidar
ni ha dejado de amarla.
Es el último viajero
que llega de madrugada,
a una estación vacía
una noche cualquiera,
bajo una espesa niebla
con ecos de naufragio,
con fragancia a salitre
y aroma a marejada.















